Mi don... la risa fácil y franca. Mi catarsis... la naturaleza. La música del viento, las olas y los grillos. Mi debilidad... los perros callejeros y los amigos con corazones rotos. Mi locura... los zapatos y el vino tinto. Adoro la pasta vóngole, el agua helada, la palabra clara, el olor a lluvia y a café recién colado. Le temo a la estrechez de mente, a lo irresoluble. No negocio la traición y me aburre la inconsistencia. Me gusta observar, escuchar y aprender. Quiero estar presente, no enjuiciar, perdonar y seguir adelante. Mi horizonte... la sencillez, la flexibilidad, la aceptación y la armonía. Quizás, la plenitud y la libertad de espíritu, puedan llegar en consecuencia.

Me inspira la posibilidad de descubrirme a mi misma en toda huella que queda impresa con mi esencia, tras la promesa indeclinable de hacer lo que me gusta cada vez mejor. El reto que propone cada día, la idea que me deja en libertad, el sueño que me muestra el norte, y la voz que sabe hablarme de amor. Me iluminan las vidas de quienes me han dejado ser, los amigos que me regaló el trayecto recorrido, la honestidad como trabajo del alma, el amor incondicional y la espontaneidad que raya en lo insensato.